lunes, 29 de abril de 2013



En las escarchas  diurnas
los ojos hallan el suicidio,
y en el instante perceptivo
aflora el cáncer, el coágulo
de garganta terminal,
la sobredosis existencial.
Haciéndose se hace
víctima, el consumido
por los estragos de la condición.
No se conoce más opresor
que el que se oprime así mismo
al punto de erguir su lengua
y delatar en pos de la agonía que:
¡ojos sin ojos, el mundo penetra
por el culo, hace sentir el dolor!




Bernabé De Vinsenci

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